viernes, 30 de abril de 2010

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viernes, 19 de septiembre de 2008

Vientos Alisios

Los vientos alisios

Empleado frecuentemente como sustantivo, el vocablo alisio es originariamente un adjetivo de raiz griega, cuyo significado es marítimo, así pues vientos alisios son vientos marítimos. La referencia implícita al mar se halla también en otras denominaciones, como la inglesa tradewinds o a la alemana de passat winde, la traducción literal de la primera es la de vientos de comercio y la de la segunda vientos de travesía.
En efecto, los vientos alisios hicieron posible la navegación e intercambio comercial entre Viejo y Nuevo Mundo, incluido el infame tráfico negrero entre las costas africanas y americanas. Permitían asimismo la travesía (passata, en portugués) del Atlántico, entre esta nación y su gran colonia brasileña, de ahí que el término alemán incluya el lusitanismo passata.
No debe extrañar esta alusión generalizada a los océanos, ya que los vientos alisios resultan marítimos tanto en su origen como en recorrido. Sus fuentes u hogares son los anticiclones subtropicales, de manera que el soplo del alisio queda supeditado a la presencia de éstos, y cesa en el sector correspondiente si ocasionalmente se desvanecen. Por lo demás, baste recordar que los vientos alisios afectan una tercera parte de la superficie marítima planetaria.

Información relacionada con Vientos alisios:

- Rosa náutica del Mediterráneo
- Viento Mistral
- Viento Siroco
- Viento Tramontana
- Viento Poniente
- Viento Mediodía
- Viento Lebeche
- Viento Gregal
- Viento Levante

viernes, 22 de agosto de 2008

Gota fría y diluvio (II)

Gota fría y diluvio

Las hemerotecas muestran que la difusión de la expresión gota fría o gota de aire frío entre el gran público de España es referible al último cuarto del siglo XX, tras la colosal llena de la rambla de Nogalte en la localidad murciana de Puerto Lumbreras el 19 de octubre de 1973, con numerosas víctimas. De recordar es asimismo que la década de los ochenta fue pródiga en riadas. de ahí la identificación de gota fría y diluvio como si ambos fuesen sinónimos no había sino un paso, que se dio acto seguido. Y no es así, la sinonimia es, por entero,
inexacta e improcedente. En efecto ni todas las gotas frías ocasionan diluvios, ni éstos tienen invariablemente por causa una gota fría, ya que se reconocen otra serie de situaciones atmosféricas (vaguadas meridianas o retrógradas, depresiones aisladas en niveles altos distintos de la gota fría, borrascas frías, determinadas anafrentes fríos, conjuntos convectivos de menoscala, entre otras) capaces de producirlos.
En suma, la expresión gota fría o gota de aire frío ha ganado extensión y perdido comprensión, se aplica, con frecuencia, de forma inexacta e indebida, lejos del concepto originario que acuñara el meteorólogo alemán Sherhag a finales de los años treinta del siglo XX. De ahí que unos especialistas hayan propuesto la recuperación de su significado originario o el abandono de una expresión desvirtuada, por más que se haya transformado en poderoso y expresivo instrumento de comunicación popular.

Información relacionada con Gota fría y diluvio:

- Gota fría
- Gota fría y diluvio
- Concepto gota fría
- Inundación Valencia 1957
- Aguaceros otoñales mediterráneos

sábado, 22 de diciembre de 2007

Temperaturas máximas de España

Las temperaturas máximas de España

Las temperaturas más elevadas de España se registran en el Bajo y Medio Guadalquivir, en la denominada "sartén de Andalucía", coincidente con el triángulo que tiene sus vértices en Sevilla, Écija y Córdoba, con máximas absolutas en torno a 51º C, no muy inferiores a las más altas del planeta, cuyos valores suben a 58º C en el desierto libio y a 57º C en el californiano Valle de la Muerte, ambos en climas desérticos subtropicales cálidos.

Así pues, para que en el Valle del Guadalquivir se hayan observado temperaturas superiores a 50º C, resulta necesario que, ocasionalmente, las condiciones atmosféricas sean próximas o similares a las de aquéllos. Y ello tiene lugar cuando, con rumbo meridiano sur-norte, se produce una invasión directa de aire sahariano, que desata una intensa ola de calor. Entonces, con sol urente, cielos despejados, ambiente seco y con el condicionamiento topográfico propicio de la Depresión bética y aire tropical continental que traslada las características adquiridas en su hogar de origen, los termómetros pueden rebasar, excepcionalmente, los 50º C.

Información relacionada con Temperaturas máximas de España:

- Temperaturas mínimas en España
- Altura del sol

domingo, 16 de diciembre de 2007

Temperaturas mínimas en España

Las temperaturas mínimas en España

Las temperaturas más bajas registradas en España durante la segunda mitad del siglo XX corresponden a los observatorios de Albacete, al turolense de Calamocha y al guadalajareño de Molina de Aragón, con valores en torno a -30ºC, pero la mínima absoluta es del Estany Gento, en el Pirineo leridano, a 2.036 m de altitud, el de 2 de febrero de 1956, donde el termómetro descendió a -32ºC. Todos estos observatorios tienen en común su situación oriental, a sotavento de la circulación dominante del oeste; por esto, la influencia del flujo atlántico llega muy debilitada, y la mediterránea, ejercida a contracorriente, no la reemplaza; y ello motiva una continentalización muy acusada, a pesar de su corta distancia al Mediterráneo, inferior a 150 Km. Este es el factor primordial, al que, en mayor o menor medida, se suma la altitud.

A la hora de explicar esa mínima absoluta de -32ºC en el Estany Gento, a la continentalización, en torno a 0º 30' E, se añade la notable altitud (2.036 m). y la intensa ola de frío padecida por la península ibérica los primeros días de febrero de 1956, que ocasionó severísimas pérdidas en el sector agrícola, particularmente en la citricultura valenciana, que hubo de reponer buena parte de sus plantaciones de naranjos y mandarinas.

Información relacionada con Temperaturas mínimas en España:

- Temperaturas máximas de España
- Altura del sol

domingo, 9 de diciembre de 2007

Altura del sol

La altura del sol

La recepción de la radiación solar en la superficie terrestre depende, en gran medida, de la altura del sol, es decir, del ángulo que forman los rayos solares con la horizontal. La altura del sol varía en función de la latitud, época del año y hora del día. El condicionamiento latitudinal obedece a la forma de la Tierra y a la inclinación de su eje sobre el plano de la eclíptica, con el que forma un ángulo de 23º 27´; a ello se debe que en el ámbito intertropical la altura del sol quede entre valores de 66º 33´ y 90º, verticalidad esta última que, sobre el ecuador, se produce en los equinoccios, y en cada trópico el solsticio de verano correspondiente; mientras, en latitudes polares, la altura máxima del sol no pasa de 23º 27´ y desciende a 0º, deparando una noche de seis meses.

Por su parte, el ciclo anual responde al movimiento de traslación, con máximas alturas en verano y mínimas de invierno. Finalmente, el ciclo diario coincide con el movimiento aparente del sol; cuyo orto o salida, a distinta hora, todos los días, merced a la rotación de la Tierra, se produce por el este, orientación desde la que el sol se eleva sobre el horizonte; a partir de este momento el sol se levanta hasta el máximo correspondiente, en función de la latitud y época del año, a medio día, para descender luego hasta su puesta u ocaso por el oeste, donde traspone la línea del horizonte.

Información relacionada con Altura del sol:

- Temperaturas mínimas en España
- Temperaturas máximas de España

viernes, 16 de noviembre de 2007

Sistemas convectivos mesoscala

Los sistemas convectivos mesoscala

El concepto de sistema convectivo de mesoscala es una adaptación al ámbito del Mediterráneo Occidental del concepto de "complejo convectivo de mesoscala" acuñado por el meteorólogo estadounidense R.Maddox a finales de los años setenta de la centuria precedente. Uno y otro se refieren a situaciones de intensa inestabilidad atmosférica, con presencia a aire anormalmente frío en los niveles superiores, sobre amplios espacios, donde las precipitaciones, acompañadas por abundante aparato eléctrico, sobrepasan en buena parte del mismo los 110 mm/24 horas, con sectores donde aquéllas pueden alcanzar, excepcionalmente, en algunas áreas totales entre 300 y 600 mm en dicho intervalo; sobre éstas no diluvia ni jarrea, ambas expresiones resultan insuficientes, ya que entonces lo que sucede es que, sobre ellas, "se abren las cataratas del cielo". Riosalido ha distinguido, en función de las extensiones cubiertas por estas colosales formaciones de gigantescas "nubes puestas en pie", tres tipos: cuando el espacio ocupado por la isoterma de -48ºC (tope frío en la lata troposfera) excede de 50.000 Km cuadrados; en segundo lugar, si dicho espacio queda entre 25.000 y 50.000 km cuadrados; y, la tercera categoría, si es menor de 25.000 km cuadrados.

Dado el singular interés que el conocimiento de estas situaciones reviste para la previsión de los aguaceros copiosos e intensos que, esporádicamente, azotan la vertiente mediterránea española, en los últimos tres lustros, desde 1992, se efectúa un considerable esfuerzo para mejorar su conocimiento; con dicha finalidad, se ha puesto en servicio la Red de Detección de Rayos, ya que se relaciona el ciclo de vida del sistema convectivo de mesoscala y la cantidad de descargas registradas en aquélla.

Información relacionada con Sistemas convectivos mesoscala:

- Gota fría
- Gota fría y diluvio
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martes, 30 de octubre de 2007

Trasvase del Ebro

El trasvase del Ebro

El primer proyecto de macrotrasvase del Ebro a tierras valencianas y murcianas se debe al ingeniero Félix de los Ríos Martín, a la sazón Director General de Obras Hidráulicas de la II República, que lo hizo público, el año 1937, en Valencia, bajo el título de Aprovechamiento de parte de las aguas sobrantes del Ebro en ampliar y mejorar los riegos de Levante, con la finalidad de transferir 1.260 hm cúbicos/año desde el Azud de Cherta. De las propuestas posteriores, las más ambiciosa fue la de 1972 que, en el marco del Plan General Hidráulico del Bajo Ebro planteó tres transferencias: Ebro-Pirineo Oriental (1.400 hm cúbicos/año), Ebro-Mijares (600) y Ebro-Júcar-Segura (1.200); en total, 3.200 hm cúbicos anuales. Por su parte, el Sistema Integrado de Equilibrio Hidráulico Nacional (SIEHIVA), englobado en el Anteproyecto de Plan Hidrológico Nacional de 1993, asignaba, en su versión original, a las Comunidades Autónomas Valenciana, de Murcia y Cataluña, transferencias respectivas de 890, 1.045 y 475 hm cúbicos/año, en total 2.410 hm cúbicos; de ellos, 1.855 procedentes del Ebro, en el seno de una colosal reestructuración hidrográfica de la España peninsular, acorde con el obsoleto desideratum regeneracionista de cruzar el país "con un sistema arterial hidráulico". Por último, el Plan Hidrológico Nacional de 2001 contemplaba una transferencia muy moderada, se sólo, 1.050 hm cúbicos/anuales, con el reparto siguiente: cuenca del Segura, 450 hm cúbicos anuales; cuenca del Júcar, 315; Barcelona, 190; y Almería, 95 hm cúbicos al año.

El cambio de signo político de España, se tradujo inmediatamente en el Real Decreto Ley 2/2004, que, convertido luego en Ley 11/2005, de 22 de Junio, modificó la Ley 10/2001, de 5 de Julio, del Plan Hidrológico Nacional, derogando, a pesar de las protestas y reivindicaciones de la Comunidad Valenciana y Región Autónoma de Murcia, la transferencia del Ebro.

Información relacionada con Trasvase del Ebro:

- Desalinizar o desalar
- Catástrofes naturales: sequías
- Catástrofes naturales y obras hidráulicas

martes, 23 de octubre de 2007

Cumulonimbos

Los cumulonimbos

Los cumulonimbos son nubes densas de fuerte desarrollo vertical, asociadas a situaciones de intensa inestabilidad atmosférica, con grandes ascensos de aire de elevado potencial energético. Pueden interesar casi todo el espesor de la troposfera y alcanzar, desde su base, alturas de 8-10 km en latitudes medias y de 16-18 en el ámbito intertropical. Los de mayor desarrollo corresponden a la especie capillatus (fibroso) o pileus (con pileo o casquete) y rematan en un yunque superior de estructura cirrosa; cuando falta ésta, se habla de cumulonimbo calvo. Por bajo de la base, a menudo muy sombría, aparecen nubes bajas y desgarradas, soldadas o no a la gran célula convectiva. Aparte del yunque superior, constituyen apéndices frecuentes del cumulonimbo el arcus, ceja sombría que lo precede, y, en ocasiones, la tuba o embudo de un tornado o tromba marina vinculado, que cuelga de la base de aquél.

De composición mixta, integradas por gotas de agua y cristales de hielo, los cumulonimbos son las nubes habituales de los mayores diluvios y granizadas; por ello, resultan particularmente terribles. A modo de gigantescas nubes puestas en pie o enormes torres nubosas, acompañan, en latitudes medias, a las gotas frías, y, en las bandas de los alisios, a los ciclones tropicales o huracanes, arremolinados en torno al ojo de la perturbación.

Información relacionada con Cumulonimbos:

- Gota fría
- Gota fría y diluvio
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- Daños ciclones
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- Zonas de ciclones

martes, 16 de octubre de 2007

Aguaceros otoñales mediterráneos

Los aguaceros otoñales mediterráneos

A veces la precipitación cae con tal intensidad en la vertiente mediterránea española que los verbos "diluviar" o "jarrear", cuya acepción es la de llover copiosamente, resultan insuficientes para describir el aguacero, ya que entonces llueve a mares, se dice, significativa y gráficamente, que se abren las cataratas del cielo. En el intervalo de pocas horas pueden excederse e incluso duplicarse, con creces, la precipitación media anual. La perniciosidad de estos aguaceros y trombas depende ampliamente de la concentración horaria de la lluvia.

El calendario de lluvias catastróficas en el espacio indicado muestra una notoria concentración de las mismas en los meses otoñales, entre mediados de septiembre y similares fechas de noviembre, con ápice en octubre, transcurre el periodo de máximo riesgo. El comportamiento térmico de las aguas mediterráneas constituye la premisa indispensable, el requisito imprescindible, que, conjugado de forma primordial, si bien no exclusiva, con las irrupciones de aire frío en altitud, confiere primacía destacada, en estas tierras, al otoño en los aguaceros de excepcional violencia, riadas colosales y desastrosas inundaciones.

Los mapas de isotermas marinas superficiales suelen mostrar, en coincidencia con estas lluvias torrenciales, temperaturas relativamente altas frente a las áreas afectadas. Condiciones térmicas de esa índole propician que el mar transfiera al aire enormes cantidades de vapor de agua, es decir, de agua y energía latente, condiciones necesarias para lluvias muy copiosas y de excepcional intensidad horaria.

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- Gota fría y diluvio
- Inundación Valencia 1957

miércoles, 10 de octubre de 2007

Desalinizar o desalar

Desalinizar o desalar

La potabilización de agua marina constituye vía para garantizar el suministro a poblaciones de islas, como las del archipiélago canario o Mallorca; es éste, el uso que puede asumir su elevado coste. Pero no se pretende aquí aludir a ninguna controversia, sino tan sólo referirse a una cuestión semántica. En efecto, mientras unos tratadistas hablan de "plantas desalinizadoras", otros manejan la expresión "plantas desaladoras"; así pues, cabe preguntarse si ambas son correctas; y, en última instancia, cuál resulta preferible.

El Diccionario de la Academia señala que el adjetivo "desalinizador" dícese del "método usado para eliminar la sal del agua de mar", pero asimismo indica como significado de desalinización la de "desalación del agua de mar"; y también, como segunda acepción de "desalar" proporciona la de "quitarle la sal al agua del mar para hacerla potable o para otros fines". En suma, ambas especificaciones son correctas. En cuanto a la opción personal, puede parecer que "desalinización" es voz más técnica y eufónica; sin embargo, quienes rehuimos la elongación y el polisilabismo, nos inclinaremos, sin duda, por "desalación". Al fin y a la postre, nadie dice que el agua marina sea agua salinizada, sino agua salina.

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jueves, 4 de octubre de 2007

Inundación Valencia 1957

La inundación de Valencia en 1957

Medio siglo atrás, el 14-15 de octubre de 1957, la ciudad de Valencia y los poblados marítimos padecieron una de las peores inundaciones de que hay memoria histórica, con numerosas víctimas y cuantiosísimos daños materiales. En algunos puntos del casco histórico las aguas desbordadas del río Turia alcanzaron 3 metros de altura y cubrieron de barro gran parte del área urbana. Aunque las estimaciones son diversas, tras depurar los datos disponibles, parece probable una punta de avenida de 3.000 metros cúbicos por segundo. El colosal aluvión fue motivado por lluvias torrenciales en la cuenca baja del Turia, debidas a la advección en superficie de aire mediterráneo con elevada humedad específica y a la presencia en los niveles superiores de la troposfera de un embolsamiento de aire anormalmente frío. La monstruosa riada se generó aguas abajo del Pantano de Benagéber (entonces, Generalísimo) por la sincronización en el Turia de los enormes aportes de sus afluentes Tuéjar y Tera y de las ramblas Castellarda y Primera.

Para conjurar el gravísimo riesgo, se realizó el denominado Plan Sur, consistente esencialmente en la desviación del Turia al sur de la ciudad, mediante la apertura de un cauce enteramente artificial con capacidad de 5.000 metros cúbicos por segundo. Al estimarse suficiente esta solución, no ha pasado de proyecto la presa de laminación de Villamarchante, que, sin duda, reforzaría y potenciaría la defensa de avenidas de excepcional magnitud.

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martes, 25 de septiembre de 2007

Gota fría y diluvio

Gota fría y diluvio

La expresión gota fría ha trascendido al gran público como sinónimo de diluvio, y no es así, en modo alguno. La gota fría no ocasiona necesariamente un aguacero copioso e intenso, ni éste tiene siempre por causa aquélla. Para que la gota fría comporte diluvio es preciso el concurso de otros factores: premisa indispensable, requisito imprescindible es la presencia en superficie de aire relativamente cálido y muy húmedo, rico en vapor de agua, es decir, en agua y energía latente, almacenadas en el proceso de evaporación. Es este aire el que permite la formación de gigantescas "nubes puestas en pie", colosales cumulonimbos, y alimenta precipitaciones muy abundantes y de elevada concentración horaria, abriendo "las cataratas del cielo". Además, en estas situaciones, la presencia, en superficie, de un extenso anticiclón tendido de oeste a este, favorece, en su cara meridional, el aflujo hacia la fachada este de España de aire procedente del Mediterráneo, que, en contacto con las tibias aguas de este mar, ha adquirido las características indicadas.

Como percutores del disparo de ese aire sumamente inestable en la vertical actúa habitualmente el relieve, en especial cuando el viento de componente este llega perpendicular, y con velocidad moderada, a las sienas litorales y prelitorales. Puede asimismo colaborar en ese proceso de disparo la existencia de un área localizada de rotación ciclónica de vientos en superficie. El ascenso se ve facilitado por la existencia de la gota fría, que permite a los cumulonimbos, generadores del diluvio, alzarse con desarrollos verticales de 10-11 km. La coincidencia de todos estos factores con la gota fría sí desencadena diluvios, enormes crecidas fluviales y desastrosas inundaciones.

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domingo, 23 de septiembre de 2007

Concepto gota fría

Gota fría, una expresión familiar

No es fácil encontrar en la vertiente mediterránea española persona adulta que no haya oído hablar de gota fría, justamente lo contrario de lo que ocurría un cuarto de siglo atrás, cuando dicha expresión no desbordaba los círculos especializados: basta acudir a las hemerotecas. Acuñado el concepto a finales de los años treinta del siglo pasado por el meteorólogo alemán Scherhag, en España se hablaría del fenómeno, pero en ámbitos muy reducidos, con ocasión de la trágica inundación de la ciudad de Valencia el 14-15 de octubre de 1957; y, más aún, como responsable de las mortíferas inundaciones en el sureste de la Península el 19 de octubre de 1973.

Con todo, el período decisivo serían los años ochenta, década pródiga en riadas para las cuencas del Júcar y Segura, se produjo desde entonces el paso de la locución al gran público, identificada plena y erróneamente con aguacero copioso y de gran intensidad horaria. Preciso es subrayar que ni todas las gotas frías, con máxima frecuencia los meses de enero y febrero, ocasionan diluvios, ni éstos tienen siempre por causa una gota fría. Para que "se abran las cataratas del hielo", es preciso el concurso de determinadas condiciones y factores, a los que nos referiremos en otra ocasión.

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viernes, 21 de septiembre de 2007

Ojo del huracán

El ojo del huracán

Cuando alguien se encuentra en situación de peligro inminente, se dice en sentido figurado que "está en el ojo del huracán" o, de modo más general, "está en el ojo del ciclón". Se trata de una alusión directa a la estructura de estos mínimos o depresiones muy profundas: los satélites meteorológicos proporcionan la imagen de una masa compacta de nubes, gigantescos cumulonimbos, con giro ciclónico en torno a una mancha o sector negro más o menos circular y relativamente pequeño; se trata del denominado "ojo del ciclón" u "ojo del huracán".

Al paso de la perturbación, viento y lluvia arrecian con violencia hacia su sector central, pero a la llegada de éste, como por ensalmo, se calma el viento, cesa la lluvia y se despeja el cielo; a este último efecto se debe, por el fuerte contraste de albedos, el color negro del "ojo del ciclón", área de viento subsidente. Así, tras el paso de la primera mitad del ciclón, se hace ocasionalmente la calma, si bien la tormenta estalla de nuevo, con enorme furia, en presencia de la mitad posterior, tras el breve paréntesis de bonanza, una hora más o menos, que corresponde al ojo del ciclón. Por ello, cuando alguien se ha librado de la primera acometida de un peligro o adversidad persistente, disfruta de una tranquilidad precaria, amenazada por la arremetida final.

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martes, 18 de septiembre de 2007

Zonas de ciclones

Zonas azotadas por ciclones

Un planisferio con las áreas afectadas por ciclones tropicales resulta muy elocuente. Dichas perturbaciones (huracanes, tifones, "tornados", baguíos, cordonazos, ciclones de Mauricio) nacen y se desarrollan, sobre los océanos, entre 5 y 20º de latitud, en las bandas de los alisios. Faltan en las proximidades del ecuador, donde la inexistencia de torbellino absoluto impide su formación; y también de latitudes subtropicales, donde motiva otro tanto la subsidencia subtropical. Ésta determina asimismo la disimetría entre las fachadas occidentales y orientales de los océanos, ya que en estas últimas aquélla, más intensa, las excluye. Requisito imprescindible es que, en el verano y otoño correspondientes, las isotermas marinas de superficie no registren temperaturas inferiores a 26º C, por ello, están ausentes del Atlántico Sur, de aguas menos cálidas.

El sector de mayor incidencia, una veintena de tifones entre junio-noviembre, es el noroeste del Pacífico; a continuación, Caribe y Golfo de México con seis por término medio, cifra también del Golfo de Bengala, y sólo un par en el Golfo de Arábigo; en el hemisferio austral, la media es de seis ciclones de Mauricio en el Índico Meridional, y sólo dos en el Pacífico Sur.

Es de notar que en el Atlántico septentrional, a favor de la corriente del Golfo, los huracanes, al aproximarse a las costas estadounidenses, se incurvan y, a veces, penetran en la zona de circulación general del oeste, y pueden retomar hacia el este convertiodos en profundas borrascas de estructura frontal, con vientos fuertes.

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lunes, 10 de septiembre de 2007

Nombres huracanes

Nombres de huracanes

Fueron los españoles quienes adoptaron primero un procedimiento para dar nombre propio e identificar a los huracanes que se sucedían cada temporada (junio a noviembre) en el Caribe, Golfo de México y Florida. Recurrieron al santoral, de manera que bautizaron, durante los siglos XVI a XIX, cada huracán con la festividad correspondiente al día en que se avistaba el ciclón: así, se llamaban huracán de Santiago, de Santa Ana, San Lorenzo, San Francisco, etc. Este sistema perduró en el área indicada hasta casi mediado el siglo XX.

No fue sino a finales del segundo conflicto mundial, hacia 1945, cuando los servicios meteorológicos de la Marina y Fuerza Aérea de Estados Unidos comenzaron a individualizar a los tifones del Mar de China y baguíos filipinos, es decir, a los ciclones tropicales de este amplio sector del Pacífico, con nombres femeninos, a partir de la letra A como inicial y por orden alfabético. Convertida USA en primera potencia mundial, el sistema se difundió ampliamente por las áreas afectadas, con la señalada excepción de los golfos de Bengala y Arábigo.

Hasta la inclusión de nombres masculinos en esa particular relación transcurrieron tres décadas, hasta 1978; dos años después, a petición de los meteorólogos cubanos, se sumaron a los nombres anglosajones los hispanos. Es de notar, por último, que los nombres de huracanes particularmente catastróficos (caso, por ejemplo, el Katrina), se archivan y no se vuelven a usar al menos, en veinte años.

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jueves, 6 de septiembre de 2007

Daños ciclones

Daños de los ciclones

Bajo distintos nombres (huracanes en el Caribe y Golfo de México, tifones en el Mar de China, tornados en el Golfo de Bengala,, baguíos en el archipiélago filipino, ciclones de Mauricio en el Índico meridional), los ciclones tropicales ocasionan todos los años numerosas víctimas, situaciones críticas y cuantiosísimos daños materiales. Consecuencias tan desastrosas resultan, en combinación con su lento desplazamiento (20-30 Km/h), de los violentos vientos asociados a los mismos y de las anegaciones producidas por intensos diluvios y, sobre todo, a causa del fortísimo oleaje que cabalga sobre la pleamar.

Vistos los mecanismos no puede extrañar que la escala de peligrosidad de Saffir-Simpson maneje como referencias esenciales la velocidad del viento y la altura de las olas. Diferencia hasta cinco categorías, con los umbrales siguientes: 1ª, vientos de 119 a 153 Km/h y olas de 1,5 a 2,0 m; 2ª, 154-177 Km/h y olas de 2,0 a 2,5 m; 3ª, 178 a 209 Km/h y olas de 2,5 a 4,0 m; 4ª, 210-249 Km/h y olas de 4,0 a 5,5 m; y, por último, la 5ª se reserva para ciclones donde los vientos alcanzan o superan 250 Km/h, con olas de altura superior a 5,5 m.

Aunque, como se ha dicho, las grandes inundaciones son efecto, esencialmente, de las llamadas "olas del ciclón", es preciso recordar asimismo la contribución no desdeñable de la lluvia, ya que cerca del núcleo de la perturbación se "abren las cataratas del ciclo" y arrojan alturas de precipitación muy elevadas, a veces superiores a 500 mm en unas horas.

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miércoles, 5 de septiembre de 2007

Nombres ciclones tropicales

Nombres de los ciclones tropicales

Los ciclones tropicales son conocidos con nombres diversos en las distintas áreas afectadas, por más que los de huracán y tifón resulten, con diferencia, las de mayor difusión. El primero, con carta de naturaleza en el Golfo de México y Caribe, es también el de uso más frecuente en el mundo occidental, su etimología es mayor, relacionado con la voz Juracán (Corazón del Ciclo), denominación de la Trinidad divina de los mayas guichés. Por su parte, chinos y japoneses hablan de tifones, de manera que éste es el término empleado por mayor número de personas; alude a los vientos de gran velocidad asociados al ciclón, ya que el vocablo japonés Tai-Phon significa, literalmente, viento fuerte. En el Golfo de Bengala, indios y pakistaníes, por influencia occidental, los llaman tornados, sin confundirlos, por supuesto, con el otro tipo de perturbación más localizada e intensa a la que se aplica, con carácter general, esta designación. Todavía en el ámbito asiático, los filipinos dicen baguíos a los ciclones tropicales.

Además de la generalizada de huracanes, no faltan otras designaciones en el Atlántico americano septentrional, como el de alisio reforzado en las Bahamas o cordonazo de San Francisco en América Central, expresión esta última tradicional entre los navegantes, para aludir a la mar arbolada y mar de gravísimo peligro ocasionadas por los ciclones tropicales a finales de septiembre y comienzos de octubre.

Por último, en el Índico Meridional se conocen por ciclones de Mauricio, en referencia a estas islas, donde se practicaron observaciones pioneras de estas perturbaciones, nombradas como tropical cyclone en Australia, con abandono progresivo de la inadecuada expresión willy-willy.

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viernes, 27 de abril de 2007

Viento Levante

El viento de Levante

En la rosa de los vientos mediterránea, el levante procede del este, el punto cardinal por donde cada día, en su movimiento aparente, el sol se levanta sobre el horizonte a causa de la rotación terrestre. Sopla a más o menos velocidad, merced al gradiente horizontal de presión existente en el momento: a veces se limita a cubrir metafóricamente, las aguas marinas de pañuelos blancos, mientras otras, las menos, origina violentos y destructivos temporales de levante, con mar montañosa o de gravísimo peligro. También es variable su frecuencia de unos puntos a otros, en algunos puede resultar tan elevada, como en el sector gaditano de Barbate y Zahara de los Atunes, que históricamente ha representado un condicionamiento negativo y limitación para la actividad agrícola, mientras que en la actualidad ha cambiado significativamente de valoración económica, al hacer de estas costas el paraíso de los windsurfistas.

En cuanto a precipitaciones, para la fachada oriental de España es el viento llovedor por excelencia, tal y como reza, refiriéndose a la tierra, el refrán en lengua vernácula y castellana: “El levante la moja y el poniente la seca”. Esta condición obedece a que, en las épocas del año propicias, es decir, primavera y, sobre todo, otoño, conduce aire mediterráneo con elevada humedad específica, a veces en cantidad suficiente para que jarree, diluvie, e incluso, se abran las cataratas del cielo.

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